¿Qué son los acúfenos?  .

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Pueden definirse como cualquier percepción de sonido o ruido en ausencia de estimulación acústica, la percepción consciente de un sonido en ausencia de un estímulo acústico externo.

En inglés se conoce como “Tinnitus”, procedente del latín “tinnire” (zumbido o campaneo).

Haciendo un poco de historia, podemos decir que son tan antiguos como la Humanidad; se tiene constancia de los primeros escritos acerca de los acúfenos como condición de índole médica, de Mesopotamia, (siglo VII
a.C); por entonces, era considerado un castigo de los dioses que curaba mediante magia, empezando a cambiar dicha mentalidad con Hipócrates en el siglo V a.C., definiendo al acúfeno como causa de una patología cerebral.

Aristóteles sugirió que el acúfeno podría tratarse con terapia sonora; en el siglo XVII, Jean Fernel fue el primero en proponer que la sordera, el acúfeno y el dolor tienen un origen común. Finalmente, es en 1.841 cuando
en Alemania se publica el primer artículo centrado exclusivamente en el acúfeno (Kuhn T).

Los acúfenos son generalmente subjetivos (es decir, solo son percibidos por el paciente),pero son una percepción real que varía en la percepción, pudiendo ser descritos como tonos puros (pitidos o silbidos) o
bien ruidos (maquinas, zumbidos, chorros de agua, grillos, etc), pudiendo ser referidos a un oído en particular o como percibidos en la cabeza.

Un grupo de expertos en distintas disciplinas, recientemente propuso diferenciar entre “acúfeno y trastorno del acúfeno “, ya que tradicionalmente no se diferenciaban entre las personas que lo padecían y las que lo padecían
junto a angustia emocional y discapacidad funcional asociadas al acúfeno.
Entendemos “el trastorno por acúfeno “ como acúfeno asociado con disfunción emocional y/o cognitiva, y/o excitación autonómica lo que lleva a cambios de comportamiento y discapacidad funcional. Estos síntomas
pueden provocar miedo, depresión, ansiedad, irritabilidad (del 40 al 75 % de los pacientes), alteraciones del sueño (35% de los pacientes), así como problemas cognitivos y de concentración, atención y memoria (Baguley D, 2013).

Los acúfenos se suelen asociar a hipoacusia (alrededor del 90 % de los pacientes); interfieren en la audición, la dificultan y alteran la inteligibilidad (entendimiento del habla).

A menudo nos preguntamos porqué se producen los acúfenos, debiendo aquí diferenciar entre la etiología (la causa) y la fisiopatología (los mecanismos responsables); las causas son muchas (las otológicas son las
más frecuentes, sin olvidar que existen otras muchas), pero en nuestro caso es el síntoma de una patología específica, el Síndrome de Menière, como enfermedad del oído interno. (Acúfenos No pulsátiles,constantes que cursan con hipoacusia neurosensorial y vértigo).

Aproximadamente un tercio de los pacientes con HA neurosensorial (enfermedad de Menière) termina percibiendo un acúfeno crónico. Es conocido que un mismo acúfeno afecta de manera diferente a
distintos pacientes.

No todos los acúfenos son iguales, la mayoría de los pacientes los toleran de forma adecuada y se habitúan a ellos (veremos más adelante técnicas); sólo los acúfenos severos y los pacientes no habituados los que
requieren de asistencia sanitaria.

La prevalencia de los acúfenos es muy elevada, entre el 5% y el 30% de los adultos los padece, siendo más alta la prevalencia a partir de los 50 años de edad.

A nivel mundial, afecta a más de 740 millones de personas, siendo percibido como un problema importante para más de 120 millones de personas, sobre todo mayores de 65 años de edad.

Es el tercer síntoma crónico más incapacitante que sufre la población adulta (McCombe et al., 2001).

Si queremos “Tipificar los acúfenos “, debemos desarrollar diferentes clasificaciones como:

1.- Objetivos frente a Subjetivos: el “objetivo” es atribuido a una fuente de sonido interna (el somatosonido, sonidos generados por el propio organismo), mientras que el “subjetivo” no tiene referencia a una fuente de
sonido interna.
2.- Según localización: uni o bilaterales, o localizados en la cabeza.
3.- Modo de presentación: constantes o fluctuantes.
4.- Según frecuencia (Hz): graves o agudos.
5.- Incapacitantes frente a habituados.
6.- Según duración: la mayoría de las guías utilizan una duración de 6 meses como criterio para el acúfeno crónico, pero recientemente, se proponen 3 meses como punto de corte (Scholz J., 2019).

Ni todos los acúfenos son iguales ni todos los pacientes lo son; ello obliga a los profesionales a realizar los mejores diagnósticos posibles, aspirando el proceso de diagnóstico a identificar la causa del acúfeno,
descartando patologías severas; categorizar el acúfeno en sus dimensiones psicoacústicas (es decir, aproximarse a la percepción del paciente), siendo esta una herramienta muy importante en el consejo terapéutico del paciente (Henry, J.A., 2005) y valorar la gravedad y la urgencia, determinando las discapacidades y las consecuencias que el acúfeno provoca en el paciente.
Tras las fases previas de diagnóstico, los otorrinolaringólogos son capaces de definir la causa del acúfeno y por lo tanto tratarlo desde el tratamiento de la causa (siempre bajo su supervisión médica), las características del
acúfeno y la afectación sobre la calidad de vida, gravedad y la urgencia.


Jastreboff, clasifica a los pacientes en 5 categorías que precisan tratamientos diferentes:

Categoría 0: el acúfeno no provoca discapacidad ninguna; estos pacientes deben ser tratados únicamente con consejo terapéutico (explicar al paciente qué le pasa y por qué). El objetivo es poner en marcha y lograr la
habituación de la reacción.(la indiferencia hacia el mismo).

Categoría 1: aquí el acúfeno provoca discapacidad, englobando a aquellos pacientes sin hipoacusia. Aparte del consejo terapéutico que veíamos antes, estos pacientes son subsidiarios de terapia sonora (se verá
más adelante).

Categoría 2: en esta categoría se encuentran los pacientes a los que el acúfeno provoca discapacidad y además, padecen hipoacusia, necesitando audífonos.

Categoría 3: pacientes a los que la hipoacusia no es relevante mientras que sí lo es la hiperacusia (hipersensibilidad a los sonidos externos, que lleva a la persona a no tolerar los sonidos que le rodean); pueden tener acúfenos o no.

Categoría 4: pacientes con acúfenos e hiperacusia, empeorando los síntomas de los ruidos durante un largo tiempo tras la exposición sonora. Determinar la gravedad y la urgencia del paciente es un factor crucial
para el inicio del tratamiento y valorar la necesidad de apoyos urgentes psicológicos y psiquiátricos, para ello habrá que determinar las discapacidades y las consecuencias que los acúfenos provocan en el paciente.

El nivel de handicap que suponen los acúfenos en la vida de las personas, se mide con cuestionarios porque todavía no hay una prueba más objetiva para su valoración.

Hay un gran número de cuestionarios; en la década de los 80 surgieron los primeros, en un intento de evaluar el impacto y las limitaciones (handicap) que provocaban los acúfenos en la vida cotidiana de los pacientes. Su
utilización resulta un método necesario para cuantificar los aspectos emocionales y funcionales.

De ellos, sin duda, el más utilizado, incluso internacionalmente es el Tinnitus Handicap Inventory (THI), desarrollado en 1.996 por Newman y colaboradores, tratándose de uno de los cuestionarios más usados hoy en
día en la práctica clínica diaria, evaluando tanto la percepción subjetiva de los pacientes sobre la repercusión que tienen los acúfenos en su calidad de vida, como para medir la respuesta a tratamientos.
En cuanto al tratamiento como síntoma, sólo se trata si molesta; si existe una patología de base (por ejemplo, enfermedad de Menière),se indica el tratamiento oportuno para esa enfermedad, pero no se trata específicamente el acúfeno.

El acúfeno puede pasar de considerarse un síntoma a tratarse de un trastorno cuando este impacta en las actividades cotidianas y en la capacidad de concentración, sueño, estado de ánimo y conducta.
Con el THI, se evalúan aspectos como el enfado, la ansiedad, la frustración, depresión (escala emocional), la dificultad de concentración, la influencia del acúfeno en el trabajo, la afectación a la esfera social así como
la afectación a la audición, (escala funcional); y por último, valora de forma general la desesperación del paciente y la incapacidad de éste para hacer frente al problema del acúfeno y la imposibilidad de solucionar dicho problema.(escala catastrófica).


¿Qué estrategias se usan para de forma efectiva reducir la percepción del acúfeno?.

Las terapias sonoras, sonidos externos para enmascarar o modificar la percepción del acúfeno, pudiendo incluir estas terapias el enmascaramiento, la habituación o la aplicación de sonidos relajantes para disminuir el estrés
(Jastreboff & Hazell).

Según Henry et al. (2008), los objetivos principales de las terapias sonoras son: aliviar el estrés asociado al acúfeno mediante sonidos relajantes, desviar pasivamente la atención del acúfeno al reducir el
contraste entre éste y el entorno acústico, mediante sonidos de fondo y desviar activamente la atención del acúfeno, mediante sonidos peculiares.
A estos objetivos, podemos añadir el de “facilitar la habituación”, es decir, el proceso en el que una persona deja de prestar atención consciente y de reaccionar emocionalmente al acúfeno, permitiendo que el cerebro “filtre”
y disminuya su impacto en la vida diaria. (Ignorar).

Existe una terapia que tiene como objetivo “la habituación” (ignorar el acúfenos),se conoce como Terapia de Reentrenamiento del Acúfeno o TRT.
La habituación implica eliminar las connotaciones negativas asociadas a los acúfenos, aunque su percepción no desaparezca.

Tiene dos pilares fundamentales:
El Consejo Terapéutico, cuyo objetivo es reclasificar el acúfeno a categoría de estimulo neutral, promoviendo la indiferencia hacia el mismo.
La Terapia Sonora, que busca reducir la diferencia entre el ruido de fondo y el acúfeno.

La recomendación general para cualquier paciente que experimente molestias por acúfenos debe ser evitar el silencio, aunque se puede encontrar pacientes con acúfenos reactivos, es decir que aumentan al aplicar
sonidos externos, pero siempre vamos a seguir las pautas que nos marquen los especialistas facultativos.

En la TRT, no se prescribe un sonido específico para su aplicación; el requisito principal es el confort del paciente, sin embargo son los sonidos conocidos como de banda ancha, los que son más comúnmente utilizados,
tales como el ruido blanco, rosa o marrón.

El ruido blanco, es un tipo de sonido que contiene todas las frecuencias audibles con igual intensidad, produciendo un sonido uniforme y constante.
El ruido rosa, también contiene todas las frecuencias audibles, pero a diferencia del blanco, su intensidad disminuye de manera progresiva con el aumento de la frecuencia, por lo que el ruido rosa se percibe como más
equilibrado y menos agudo que el ruido blanco.

El ruido marrón, similar al anterior, tiene una mayor concentración de energía en las frecuencias bajas y una menor en las frecuencias altas. Lo convierte en un sonido más profundo y envolvente.

Para la elección del ruido, el requisito principal debe ser el confort.
Existen numerosos dispositivos disponibles para la reproducción de terapias sonoras. Algunos de ellos son:

1.- Audífonos: deben utilizarse durante todas las horas en que el paciente esté despierto; en algunos casos los pacientes sienten alivio al enmascarar el acúfeno con los generadores de ruido que incorporan los
audífonos, aunque esta reducción interfiere en el proceso de habituación, debido a que el paciente no se habitúa al acúfeno si éste no es percibido.
Los audífonos más adecuados son los de tipo “molde abierto” o bien ventilados y en casos de hipoacusia unilateral, se sugiere el uso de audífonos Cross o Bicross.

2.- Generadores de ruido con auriculares (diadema), sin función de cancelación de ruido activa, conectados a dispositivos como móviles, tabletas, etc.

3.- Altavoces, reproducción de sonidos ambientales de banda ancha.
Para concluir, decir que a pesar de la variedad de terapias sonoras disponibles, tanto activas como pasivas, la aplicación de éstas en el contexto de la TRT, (Terapia de Reentrenamiento del Tinnitus), es la que cuenta con
mayor respaldo científico y resulta relativamente fácil de implementar, debiendo ser fundamental realizar primero el Consejo Terapéutico (CT), donde se explican detalladamente las instrucciones a seguir.

La TRT es un tratamiento eficaz que lleva un tiempo, ya que como hemos dicho reiteradamente, el objetivo al que se quiere llegar es la habituación; se estima una media de año y medio o dos años, aunque a los seis meses suele haber una mejoría significativa del 75%.
Pero el tiempo no es el mismo en todos los pacientes, depende de cada persona, algunos los conseguirán antes del año y medio y otros podrán necesitar más de dos años, para entre otros obtener resultados esperables,
tales como mayor tolerancia al acúfeno, menor discapacidad, disminución del handicap en la vida del paciente, (ansiedad, depresión), amortiguar el miedo al acúfeno, mejorando su calidad de vida y su vida social, disminuyendo el estigma, aprendiendo a convivir con dichos ruidos.

José Juan Ramírez Calvin.
Técnico Superior en Audiología Protésica.
Área de Audiología.

Asociación Síndrome de Menière España. (ASMES).
Fuente: Manejo Pacientes con Acúfenos (3ª Edición). AEDA.

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